Una de las primeras actividades
que realizamos en la materia de Planeación y Dirección Estratégica de
Instituciones Educativas fue la de analizar la historia del Gung Ho. Una historia
que sirve como herramienta para optimizar el potencial de las personas en una
empresa y conseguir un ambiente donde todos forman parte de las actividades del
proceso y por ende de los resultados obtenidos. El Gung Ho toma tres ejes para
reflexionar; uno es el espíritu de la ardilla, proyectando el trabajo y
su importancia a otro nivel, donde vale la pena trabajar por el bien común de
una meta compartida donde se encamine todo el interés y energía; ahora bien los
esfuerzos sin un objetivo bien planificado y programado se convierten en sueños
guajiros. El estilo del Castor, que es el ejercer el control de forma
independiente para alcanzar metas generales, “hacer lo correcto de la forma
correcta”. Este estilo requiere, a mi particular punto de vista de una
confianza muy grande, pues debemos permitir a los trabajadores hagan su juego
de forma libre, valorar sus logros e inclusive aquello que pareciera
insignificante. El don del ganso, “alentar a los demás a seguir adelante”,
el estimulo constante para conseguir la meta, para esto debemos estar muy
atentos a satisfacer las necesidades básicas de los miembros de nuestra
organización, además de las necesidades materiales buscar satisfacer aquellas
de su espíritu con felicitaciones, felicitaciones sinceras que le permitan
sentir a nuestros miembros que son valiosos para nosotros.

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