martes, 4 de septiembre de 2012


Una de las primeras actividades que realizamos en la materia de Planeación y Dirección Estratégica de Instituciones Educativas fue la de analizar la historia del Gung Ho. Una historia que sirve como herramienta para optimizar el potencial de las personas en una empresa y conseguir un ambiente donde todos forman parte de las actividades del proceso y por ende de los resultados obtenidos. El Gung Ho toma tres ejes para reflexionar; uno es el espíritu de la ardilla, proyectando el trabajo y su importancia a otro nivel, donde vale la pena trabajar por el bien común de una meta compartida donde se encamine todo el interés y energía; ahora bien los esfuerzos sin un objetivo bien planificado y programado se convierten en sueños guajiros. El estilo del Castor, que es el ejercer el control de forma independiente para alcanzar metas generales, “hacer lo correcto de la forma correcta”. Este estilo requiere, a mi particular punto de vista de una confianza muy grande, pues debemos permitir a los trabajadores hagan su juego de forma libre, valorar sus logros e inclusive aquello que pareciera insignificante. El don del ganso, “alentar a los demás a seguir adelante”, el estimulo constante para conseguir la meta, para esto debemos estar muy atentos a satisfacer las necesidades básicas de los miembros de nuestra organización, además de las necesidades materiales buscar satisfacer aquellas de su espíritu con felicitaciones, felicitaciones sinceras que le permitan sentir a nuestros miembros que son valiosos para nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario